Ésta no es una exposición cualquiera, es una que nace del infortunio y la casualidad, y que lleva el surrealismo mágico a lo trágico, a la ironía, el sarcasmo y a la reflexión; una muestra que tuvo que esperar 40 años para ser terminada y expuesta, que se burla del purismo y lo hace obsequiando al espectador obras en las que converge variedad de técnicas y el estilo propio de cada uno de sus tres creadores.
Se trata de “Realismo trágico. 40 años atrapados en el tiempo” de Armando Romero, Ricardo del Río y Rafael Charco y que anoche se inauguró en la galería Lux Perpetua, a la par de una muestra individual del maestro Romero, a la que tituló “Los retratos de los retratos”, un trabajo sobre las efigies de famosos pintores, como Rembrandt y Leonardo Da Vinci, que reproduce e interviene dándoles una significación muy distinta a la original.
Sobre “Realismo trágico. 40 años atrapados en el tiempo”, Armando Romero comparte la asombrosa historia de su origen: Ricardo, Rafael y él estaban por graduarse de la Escuela Nacional de Pintura y Grabado “La Esmeralda”, en Ciudad de México, y propusieron como trabajo final realizar 50 dibujos que estaban basados en una crítica a la atmósfera que veían y en la que todo el mundo hacía realismo mágico.
En ese sentido, recuerda la anécdota que tuvo lugar en la década de 1940 cuando el escritor André Bretón le encargó a un carpintero mexicano hacer una mesa, “la mesa parlante”, que él mismo diseñó. El dibujo lo realizó pensando en mostrar tres dimensiones para explicar la forma de las patas, pero el carpintero fabricó el mueble tal como vio la ilustración, de manera que la mesa no se tenía en pie.
Fue entonces que Bretón declaró que México era un país surrealista por excelencia y todo mundo trató de seguir ese estilo.
Sin embargo, para Romero esto no era un realismo mágico, sino trágico, pues cuando algo así sucede con un carpintero, un plomero o un mecánico es lo que es.
Detalla que cuando plantearon la idea del trabajo como tesis estaba prohibido que un grabador incluyera pintura en una creación o que un pintor añadiera grabado o cualquier otra técnica, había un purismo académico que no compartían.
El proyecto fue aceptado y comenzaron a trabajarlo a seis manos, pues cada cuadro tiene la intervención de los tres artistas.
Llevaban 42 obras realizadas, con pequeños detalles faltantes para concluirlas, cuando ocurrió el terremoto de 1985 en Ciudad de México y las obras desaparecieron, no supieron dónde quedaron. Tuvieron que realizar otros trabajos individuales para graduarse.
Siguieron con sus vidas y creando arte… hasta que el año pasado, al mover un armario del abuelo de Ricardo del Río, oyeron caer algo por detrás y resultó ser la carpeta que tenía los trabajos de los jóvenes estudiantes.
Fue así como los tres artistas, quienes hasta la fecha se frecuentan, volvieron a reunirse para terminar las obras inconclusas, para hacer algo así como una remasterización de su trabajo, y tener la oportunidad de finalmente darlo a conocer.
Armando Romero compara la creación de las obras con un ensamble de rock progresivo: las atmósferas de abajo, es decir, los fondos de las pinturas se asemejan a la batería, creados en el contexto pictórico por Rafael Charco; el requinto son las figuras de caballos que habilidosamente Ricardo del Río dibuja en un solo trazo, sin levantar la pluma del papel, y Armando es el compositor, es el que se da a la tarea de armar la composición, el producto final. En ese proceso se evidencia lo terrenal y lo celestial, la inclusión de elementos del Barroco, que se mezclan con globos de texto a veces vacíos, otros asestando el golpe social a través de contundentes frases.
Las 42 obras en exposición encierran tres aspectos: el figurativo, el abstracto y el pragmático.
Como fueron finalizadas el año pasado, hay una doble firma, una evidencia del juego del destino, que los hizo esperar 40 años para culminar el proyecto.
Adicionalmente, Armando Romero presenta en el mismo espacio la exposición “Los retratos de los retratos”, una serie de cuadros en miniatura en los que retoma las efigies de famosos pintores y juega con éstos, no solo con la imagen en sí, a la que añade frases, pinceladas o collage, sino también los marcos, en los que incluye personajes por medio de pequeñas esculturas doradas, siguiendo un poco el estilo del Barroco.
Es la misma técnica a la presentada de manera colectiva, pero con diferentes formas de figuración.
Las exposiciones estarán instaladas en la galería Lux Perpetua hasta finales de febrero. Pueden visitarse de lunes a viernes de 10 a 14 horas y de 16 a 19 horas, y sábados de 10 a 14 horas. De igual manera, en cualquier otro horario previa cita en la cuenta de Instagram.— Iris Ceballos Alvarado










